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La ilusión de bonanza económica en Centroamérica

Bien dice el viejo refrán: es más fácil engañar a alguien, que convencerlo de que lo están engañando.

En los últimos meses, diversas autoridades de los diferentes países de la región ha enviado el mensaje a la población de que 2021 permitió alcanzar hitos históricos en materia de crecimiento, de transformación productiva, en generación de plazas de trabajo y de reducción del déficit fiscal, especialmente como consecuencia de la elevación de la recaudación tributaria.  En su mayor parte, la información es correcta, pero la forma de presentarla refleja una clara intención de engañar a la población, dado a que si bien es cierto los valores reflejan crecimiento respecto de 2020, también lo es que estas no contemplan  el efecto aritmético producido por la crisis sanitaria del covid-19 y descuidan el bienestar de los centroamericanos.

La tabla posterior muestra claramente que en ninguno de los países de la región, los resultados del crecimiento económico obtenido en 2021 permite la recuperación total de las pérdidas causadas por la crisis sanitaria, tal y como lo comentó Cepal en su Balance Preliminar de las Economías de América Latina y El Caribe (2022) en el que planteó que las economías avanzadas sería las únicas que retomarían la trayectoria de crecimiento observada antes de la pandemia, a partir de 2022, mientras que el resto de países continuaría avanzando,  pero muchos lo harían hasta 2025.

No obstante, los resultados muestran que tanto Guatemala como El Salvador son los países que, beneficiados por diferentes situaciones, se encuentran en una senda de más rápida recuperación económica para alcanzar la trayectoria potencial normal.  En sentido contrario, aunque Panamá reporta una mayor dinámica actual, todavía tendrá que enfrentar un período más largo para recuperar todas  las pérdidas económicas ocasionadas por la crisis sanitaria.

Centroamérica:  Comparación de los valores de crecimiento potencial y real observado, período 2019-2022.

Fuente:  Elaboración propia con datos oficiales y del FMI

Como tal, a nivel macroeconómico no existe evidencia de que en 2021 hayan existido resultados históricos o transformaciones radicales que impliquen cambios estructurales que coloquen a los países en sendas de crecimiento diferente a lo reportado en los años previos, y que llevó a las autoridades internaciones, entre ellas, el FMI, a plantear las tasas de crecimiento potencial de las economías, dada la estructura económica y la productividad de sus factores.

Complementariamente, el crecimiento económico observado  2021 en todos los países de la región,  que está fuertemente influenciado por el rebote económico respecto de la caída de 2020, también se vio favorecido por otros factores que no necesariamente son motivo de celebración.   Entre ellos, los altos niveles de remesas familiares que ingresaron a los países del CA-4 y que produjeron una elevación del consumo y por ende del PIB,  y que devienen de la permanente migración de centroamericanos hacia otras latitudes, y que se explica por la falta de oportunidades en la región; también el relajamiento en la disciplina fiscal de Estados Unidos y de los países de Europa, principales demandantes de los productos ofrecidos en la región, así como el incremento de los precios de algunos de los commodities que se negocian, facilita identificar que mucho del boom que tratan de vender las autoridades públicas, deriva de una recuperación económica normal acompañada de factores exógenos.

Al margen de lo anterior, es claro que todavía existe mucho que hacer antes de lanzar fuegos artificiales para celebrar, dado a que existen fuertes asimetrías en el acceso a la vacunación, en donde Nicaragua, Honduras y Guatemala todavía reportan coberturas por debajo del 50.0% de la población (www.ourworldindata.org), y se mantienen en condiciones estructurales económicas y fiscales, que no hacen pensar un cambio real en el mediano plazo.

La situación todavía es más dramática a nivel microeconómico.   Si bien es cierto que a nivel macroeconómico, las autoridades anuncian los “hitos históricos” en crecimiento económico, y en materia de crecimiento del comercio internacional (influenciado por la reapertura comercial, el aumento del precio de los combustibles y otros commodities y la expansión del gasto de nuestros principales socios comerciales), no pueden hacer lo mismo en materia de bienestar, dado a que los niveles de empleo en la mayor parte de los países, aunque se han ido recuperando, todavía no alcanzan los valores previos a la pandemia.   Además, durante el período 2020-2021 algunos gobiernos descuidaron la atención a los programas de protección social, a la educación que ha tenido un fuerte impacto por el distanciamiento social, y a la salud en algunos programas que se marginaron por atender la emergencia del Covid-19.

En materia fiscal, especialmente aquellos países imbuidos en programas de austeridad fiscal,  han argumentado que, como consecuencia de la disciplina fiscal y por el trabajo extraordinario de las administraciones tributarias, los niveles de déficit fiscal se redujeron,  lo que los coloca en una mejor posición ante los acreedores internacionales; esto también es solo parcialmente correcto.    Entre muchos factores,  es fácil identificar nuevamente que los crecimientos excepcionales de la recaudación en 2021, derivan del efecto aritmético causado por la pérdida recaudatoria del año anterior y que estuvo relacionada con la crisis sanitaria, y en donde influenciaron las políticas públicas de amnistías, diferimientos en el pago de impuestos y  la negociación de convenios de pago; de allí que mucho de lo que no se recaudó en 2020, ingresó en 2021 producto de la emergencia sanitaria.   También el aumento del precio internacional de los combustibles y la expansión de las importaciones producida por el incremento de las remesas produjeron un efecto adicional que no tiene que ver con la eficiencia del sector público.

La situación económica y fiscal requiere un análisis concienzudo y como bien lo apuntan los organismos internacionales, implica esfuerzos no solo para recuperar el ritmo previo a la pandemia, sino para retomar la senda de atención de las necesidades de la población, poniendo especial atención a las situaciones actuales del comercio internacional que involucran grandes desafíos para los países de la región.  Por ello,  los resultados de las variables económicas y fiscales deben ser objeto de un riguroso análisis técnico para evitar que algunas autoridades asuman posiciones electoreras,  tratando de vender su imagen como exitosa en la promoción de mejoras económicas y sociales, y traten de engañar a la población con resultados ilusorios.

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