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El conflicto Rusia-Ucrania y sus efectos sobre Centroamérica

Recientemente, las preocupaciones respecto del desempeño futuro de la actividad económica a nivel global han estado centradas, principalmente, en torno a la evolución del conflicto bélico entre la Federación de Rusia y Ucrania.

Luego del aparente inicio del proceso de recuperación de la economía mundial ante el favorable desempeño al reducirse los efectos de la pandemia del covid–19, lo cual se materializó en una desescalada de contagios, en un incremento en el ritmo de vacunación y en la reducción de medidas de contingencia sanitarias (aunque de forma heterogénea entre países y grupos de países), los prospectos de crecimiento han estado influenciados por la invasión de la Federación de Rusia a Ucrania. De conformidad con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la proyección de crecimiento económico mundial se sitúa en torno a 3.6% para 2022 y para 2023 valores que se encuentran entre 0.8 y 0.2 puntos porcentuales por debajo de sus proyecciones previas, respectivamente, lo cual refleja el impacto directo del conflicto (FMI, 2022).[1]

Las implicaciones del conflicto mencionado están relacionadas con el papel estratégico que la Federación de Rusia y Ucrania tienen en los mercados mundiales. En Centroamérica los efectos de la crisis se estarían trasladando a través del de cinco canales. En primer lugar, sobre los mercados de materias primas pues las sanciones impuestas a la Federación de Rusia así como la interrupción en la producción en ambos países estarían debilitando las cadenas de suministros, principalmente sobre los productos asociados con alimentos y con el petróleo y sus derivados. En segundo lugar, sobre el canal comercial por cuanto las importaciones y las exportaciones se verían afectadas; particularmente, sobre los mercados de productos agrícolas, metales y minerales.

En tercer lugar, los efectos se estarían percibiendo en los canales de producción con sus principales socios comerciales que, a su vez, impactarán de forma indirecta a los socios de estos, por lo que los impactos se trasladarían más allá de los mercados de materias primas. En cuarto lugar, las sanciones impuestas a la Federación de Rusia estarían relacionadas con la volatilidad que los mercados financieros han registrado recientemente, aun cuando la relación financiera entre ese país y las economías más grandes del mundo es relativamente pequeña. Finalmente, el último canal estaría relacionado con temas sociales y humanitarios pues el número de personas que se han trasladado desde Ucrania al resto del mundo tiene consecuencias de corto plazo (incremento de la demanda de productos en el país que los recibe, así como un aumento de servicios de salud, por ejemplo) pero también de largo plazo (como el incremento de la oferta laboral).

Con todo, para Centroamérica, los principales efectos estarán percibiéndose por el lado de las importaciones y exportaciones, aunque se esperaría que estos sean acotados. En efecto, para el caso de Ucrania, las importaciones desde esa nación representaron alrededor del 0.23% respecto del total de importaciones de 2021 mientras que las exportaciones hacia ese país representaron 0.19% del total de los productos exportados en 2021. Por su parte, las importaciones desde y las exportaciones hacia la Federación de Rusia representaron, respectivamente, 0.71% y 0.17% del total comercializado en 2021.

De lo anterior, el 75% de las exportaciones hacia Ucrania desde Centroamérica son enviadas desde Guatemala, las cuales constituyen principalmente exportaciones de níquel y representan 0.4% del total de exportaciones desde Guatemala. Mientras tanto, alrededor del 98.6% de las importaciones hacia Centroamérica que provienen de Ucrania se destinan a Costa Rica (82.5%) y Guatemala (16%), las cuales se encuentran concentradas en importaciones de hierro o acero. Por su parte, alrededor del 68% de las exportaciones desde Centroamérica hacia la Federación de Rusia se envían desde Costa Rica (44%) y Guatemala (23%) y corresponden a productos agrícolas (banano, piña, café, entre otros). En términos de las importaciones desde esa nación, alrededor del 71% de las mismas se reciben en Guatemala (36%), El Salvador (19%) y Honduras (16%) y corresponden a productos minerales y hierro o acero, principalmente.

Gráfica 1. Centroamérica: evolución de la inflación total y de sus componentes de enero 2021 a marzo 2022 (variación interanual, en porcentajes)

Fuente: elaboración propia con datos de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano.

Adicionalmente, el principal impacto que la población resiente corresponde al generado sobre el nivel de precios. En efecto, el incremento de la inflación en los países de la región ha estado influenciado por el comportamiento registrado en el precio del petróleo y sus derivados, principalmente, el cual se ha ido trasladando al resto de productos que componen la canasta básica. Esto se suma al efecto sobre precios que se registró como consecuencia del incremento de la demanda como consecuencia del proceso de recuperación económica en 2021, el cual se trasladó a los precios durante el transcurso de 2022. Si bien la tendencia en el comportamiento de la inflación de precios ha sido creciente desde 2021 (con excepción del caso de Guatemala que registró un descenso en el incremento del nivel general de precios a lo largo del año 2021), durante el primer trimestre de 2022, el incremento de precios en los seis países de la región ha sido un comportamiento común. Este comportamiento de una mayor inflación se espera que persista a lo largo de 2022 pues el FMI ha proyectado un incremento en el nivel de precios de los países de la región de 5.5% para 2022 mientras que para 2023 dicha proyección alcanza 4.1%, con marcadas diferencias entre países que van desde 3.1% para Panamá hasta 8.7% para Nicaragua en 2022, mientras que para 2023 las proyecciones de ubican desde 2.2% para El Salvador hasta 6.2% para Nicaragua.

Se hará imprescindible que las autoridades monetarias tomen las medidas para controlar la inflación, lo cual estaría asociado a incrementos en las tasas de interés que, por tanto, supondrán un desafío para las finanzas públicas pues generarán un mayor costo de endeudamiento bajo un ambiente de alta incertidumbre. Por lo tanto, la presión es porque los países utilicen la política fiscal para atenuar los impactos de esta crisis, sobre todo para apoyar a los grupos más vulnerables de la sociedad tratando de mantener la sostenibilidad fiscal. Además de la implementación de políticas fiscales que aligeren la carga de un mayor nivel de precios, los gobiernos deben continuar monitoreando la evolución de la crisis sanitaria para evitar episodios que vulneren la salud de las personas a través de un incremento en los niveles de vacunación, en el establecimiento de medidas de prevención, en el incremento de pruebas de detección del virus. Lo anterior sin descuidar los aspectos que tienen que ver con la salud en general de la población así como del restablecimiento de la calidad educativa, tomando en cuenta que se perdió una parte importante de avance en el aprendizaje durante la pandemia. De esa manera, los retos continúan siendo importantes y requieren de la voluntad de los gobiernos de la región para atenuar los impactos que esta guerra supondrá, principalmente, para su población más vulnerable y con acceso a menos recursos.

Carlos Alvarado Mendoza
Coordinador de Relaciones Académicas del Instituto.


[1] Fondo Monetario Internacional (FMI), 2022, «Perspectivas de la economía mundial: la guerra retrasa la recuperación», Washington, D.C., abril de 2022, disponible en: https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2022/04/19/world-economic-outlook-april-2022.

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