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Centroamérica: una región muy desigual y poco productiva

Recientemente fue publicado el World Inequality Report (2022) por el Laboratorio Mundial de la Desigualdad, en el que con un muy significativo esfuerzo por parte de los autores, debido a la carencia de estadísticas especialmente de los países subdesarrollados, se plantea la realidad que el mundo atraviesa en materia de distribución del ingreso y de la riqueza. Los resultados concluyen en que la polarización es muy significativa, pero con mayor interés, que el modelo económico vigente en la mayor parte de los países del mundo, con una fuerte orientación neoliberal, reproduce y profundiza dicha desigualdad, como parte de su esquema de su funcionamiento.  Así, en los países centroamericanos, en donde, conforme Icefi (2021),  se observan modelos extractivistas que basan fundamentalmente su competitividad en el pago de bajos salarios y un funcionamiento inapropiado del mercado, la desigualdad es un resultado normal, pero que lamentablemente aleja a los países de los propósitos establecidos en sus Constituciones Políticas. 

Conforme el World Inequality Report, mientras el 10% de los habitantes de Centroamérica con mayor nivel de riqueza detentan el 61.5% de los activos nacionales, el 50% de los habitantes que disponen de menores recursos , apenas poseen el 28.4% del total de la riqueza acumulada regional. 

Una de las manifestaciones de lo anterior, lo refleja el Índice de Desarrollo Humano (2021) en el que se presenta que el país más desigual de la región, medido tanto por el índice de Gini como por el coeficiente de Palma ‒que relaciona el nivel de ingresos que percibe el 10% más rico de la población con el 40% de menores ingresos‒, es Honduras, que presenta una concentración del 52.1% mientras que el decil de mayores ingresos se queda con 3.8 veces más  recursos, de los que logra el cuarenta por ciento de los habitantes menos favorecidos.   En sentido contrario, el país con menor nivel de desigualdad es El Salvador, en donde la concentración es de tan solo 38.6%, mientras que los grupos más ricos solo concentran 1.7 veces los ingresos de los segmentos de menores ingresos.

Tabla 1.  Centroamérica: indicadores de concentración de la riqueza, conforme el IDH 2021

VariableCosta RicaEl SalvadorGuatemalaHondurasNicaraguaPanamá
Coeficiente de Gini48.038.648.352.146.249.2
Ingresos por el 40% más pobre12.817.113.110.414.311.9
Ingresos por el 10% más rico36.329.438.139.137.237.1
Rel.  ingresos del 10% más rico / 40% más pobre                  2.8                  1.7                  2.9                  3.8                  2.6                  3.1
Fuente: PNUD

El problema de la desigualdad descansa primariamente en el deficiente funcionamiento en los mercados, especialmente en la esfera de la distribución, en donde los grupos de trabajadores perciben una cantidad pequeña de los ingresos generados anualmente, lo que al distribuirlo entre una gran cantidad de habitantes produce indiscutiblemente altos niveles de pobreza; esta situación se complica aún más al volver dinámico el modelo, dado a que aquellos que disponen de pocos ingresos en el presente, tendrán poca riqueza y generarán bajos ingresos en el futuro por su escasa productividad.   Los datos de la gráfica 1 muestran que los países centroamericanos, distan mucho de las características de remuneración que reflejan los países más desarrollados, que potencian el aumento de los mercados internos y la producción de bienes de alto nivel de complejidad.

Gráfica 1. Distribución del ingreso primario en la economía.   Países seleccionados.

Fuente:  OECD, Bea.gov, bancos centrales de los países centroamericanos e INEC de Panamá.

Lo anterior permite establecer que la solución al problema de la desigualdad y colateralmente de la pobreza, inicia con la verificación de que la remuneración de los trabajadores se ajuste a su verdadera productividad, pero  continúa con el impulso de una verdadera transformación productiva de los países, hacia esquemas de mayor generación de valor agregado y de pago de altos salarios.  Esto implica un redireccionameinto del esquema productivo, en donde por medio del incremento de la inversión en investigación, desarrollo e innovación, así como de una apropiado sistema de incentivos productivos -no necesariamente tributarios- se abandone el apoyo hacia los segmentos tradicionales de baja remuneración, y se dirija a actividades con demanda de trabajo más calificado y salarios mayores.

En el aspecto de mayor productividad, han tenido un mayor éxito relativo Panamá y Costa Rica, quienes en los últimos 70 años (1950-2021), han reportado que su PIB per cápita se incrementó 346.0% y 211.2%, respectivamente.  En sentido contrario, el resto de países de la región no han alcanzado siquiera a duplicarlo, debido al mantenimiento de estructuras económicas que pretenden principalmente el mantenimiento del statu quo que conviene a las élites económicas domésticas.

El tema de la desigualdad tiene muchas aristas, así como causas y consecuencias, sin embargo una de las de mayor importancia es la diferenciación en el acceso a los ingresos por género, en donde en ningún país de la región, las mujeres alcanzan el 50% de los ingresos,  lo que correspondería a una igualdad absoluta de género.  Así, el país en donde las mujeres tienen una mayor posibilidad de disponer de ingresos mayores es Panamá, con el 39.4% de los ingresos en 2019; en sentido contrario el país en donde las mujeres tienen menores posibilidades de crecimiento,  es Guatemala, en donde con una trayectoria decreciente, apenas registran el 26.0% de los ingresos totales.

Gráfica 2.  Centroamérica: participación de la mujer dentro del total de ingresos disponibles, período 2001-2019

Fuente:  World inequality report 2022

El problema de la desigualdad supera a una simple curiosidad estadística.  Es un problema de oportunidades y de atención a derechos humanos, pero también es un tema de potenciación de mercados y de productividad, y su corrección, en el camino a sociedades más desarrolladas, implica un esfuerzo de inversión significativo, en donde el Estado ocupe el papel que le corresponde en la verificación del funcionamiento apropiado de los mercados, y el abandono de las estrategias de producción basadas en el pago de bajos salarios;  es un tema que implica un esfuerzo de construcción de sociedades más justas y con mejores posibilidades de desarrollo.

Abelardo Medina, Economista senior del ICEFI.

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