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Algunas lecciones sobre comercio internacional centroamericano

Al igual que cuando se dieron a conocer los resultados del crecimiento económico de 2021, la mayor parte de los gobiernos centroamericanos se apresuraron a presentar el crecimiento de sus exportaciones como producto de un cambio dramático en sus condiciones estructurales económicas, debido a, entre otras cosas, el impulso fiscal producido en 2020 durante la crisis sanitaria mundial y a la teórica confianza de los inversionistas internacionales.     Nada más lejos de la realidad.

El comercio internacional, expresado en dólares de Estados Unidos de América, sufrió una caída del 5.3% en 2020 (WTO, 2021), como consecuencia de las severas etapas de confinamiento que atravesó la mayor parte de las naciones del mundo, y que implicó primariamente el agotamiento de las existencias que disponían los grupos empresariales de estos países, y de las compras internacionales; esta situación produjo colateralmente una disminución del flujo de contenedores a nivel mundial.   Para 2021, la recuperación, conforme datos disponibles, implicó un crecimiento del 25.0% respecto a lo observado en 2020 y de 13.0% respecto al nivel previo de 2019, resultado tanto de la recuperación de la demanda internacional, como del necesario reabastecimiento de los inventarios exhaustos de las empresas; como tal, el flujo de comercio creció dramáticamente, dando lugar, entre otras cosas,  a lo que se ha dado por llamar la “crisis de contenedores” que implicó una significativa elevación del precio de los fletes internacionales y demoras en el abasto de productos.

Por ello, dada la fuerte vinculación del comercio internacional centroamericano a lo que sucede con sus principales socios comerciales, el extraordinario crecimiento de las exportaciones y de las importaciones reportado en los países de Centroamérica en 2021, sigue simplemente el mismo patrón que exhibió el comercio mundial, es decir, el de un rebote posterior a la crisis, sin que ello implique necesariamente algún cambio estructural.  Por supuesto para 2022, los flujos comerciales internacionales tenderán a su normalización y prácticamente todos los países han realizado pronósticos mucho más conservadores.

Gráfico 1.   Centroamérica:  comportamiento de las exportaciones e importaciones, período 2014-2021

Fuente:  Elaboración propia con datos del WTO (2014-2020) y 2021 cifras oficiales de cada país.

El comportamiento inusual de 2021 hace necesario revisar algunos aspectos del comercio internacional centroamericano que merecen destacarse y que, al margen de la importancia que reviste, permiten comprender su situación real y sobre todo sus efectos sobre el funcionamiento económico y fiscal de los países de la región.  Entre estos aspectos:

  1. Conforme cifras de la WTO (2021) el 51.7% de las exportaciones de la región corresponde a productos del ramo de alimentos y de ropa y textiles.   Sobre estos, debe recordarse que su estrategia competitiva primaria y que les permite permanecer en el mercado, es el pago de bajos salarios y la utilización de incentivos tributarios a la inversión por medio de los cuales los Estados terminan subsidiando las ganancias del sector. 
  2. Los datos muestran que Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica tienen altos porcentajes de bienes primarios dentro del total de sus exportaciones, siendo éstos: 69.6%, 56.4%; 52.4% y 44.6% del total. (Cepal, 2021).   Como tal, y con la salvedad de Costa Rica que también ha impulsado fuertemente las exportaciones de la  industria de suministros médicos y dentales, la mayor parte de las exportaciones de los países, corresponde a productos que no incluyen altos niveles de conocimiento, como lo refleja el Índice de Complejidad Económica que ubica a Nicaragua, Honduras y Guatemala, en las posiciones 107, 93 y 78 de un total de 136 países en 2020 (ECI, 2020); por ello, la producción de estos bienes, no genera demanda creciente de empleo y altos salarios.
  3. Los principales socios comerciales de la región, en materia de exportaciones, conforme datos de Sieca (2022) son Estados Unidos (33.1%), Centroamérica (30.3%) y sorpresivamente Países Bajos con 4.2%, seguido de Bélgica-Luxemburgo con 3.0%, ambos potencialmente relacionados con estrategias de manejo de precios de transferencia, debido a su historial.   Sobre este tema, debe recordarse que conforme los últimos datos del Global Financial Integrity (2021), el 18.0% de las exportaciones de la región centroamericana son subfacturadas por medio del uso de precios de transferencia, transformándolas en flujos ilícitos de capital y que producen que muchos exportadores reporten pérdidas al trasladar sus ganancias a países de baja o nula tributación.
  4. El comercio internacional de mercancías es apenas el 0.29% del total mundial en exportaciones y 0.45% en importaciones; mientras que en servicios es el 0.55% en exportaciones y el 0.47% en importaciones (WTO, 2022).   Como tal, los países de la región no representan una fuerza importante en el comercio internacional, lo que hace surgir nuevamente la idea de impulsar el proceso de integración regional, por lo menos,  para que se pueda hacer un frente común en las negociaciones internacionales, pero también para adoptar estrategias comunes que permitan mejorar sistemáticamente la capacidad comercial y productiva de los países.
  5. Gran parte de la poca importancia comercial internacional para el mundo se debe a que los países de la región mantienen economías relativamente cerradas, además que reflejan una trayectoria decreciente en su grado de apertura económica desde la crisis financiera internacional de 2009.  Para 2020, Guatemala presenta un grado de apertura de 38.3%, Costa Rica 43.8%, Panamá 44.9%, las tres economías más grandes de la región, El Salvador con 62.4%, Honduras 75.7% y Nicaragua 92.2%. (Worldbank, 2022).   Lo anterior es una clara muestra que las estrategias de promoción de exportaciones y de apertura comercial implementadas por los países de la región han sido un fracaso, como consecuencia de, entre otras cosas: la  apreciación del tipo de cambio real, a los bajos niveles de inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i); a la carencia efectiva de una estrategia sistémica para promover la competitividad internacional que persiga la transformación de la producción para el resto del mundo en bienes de alto grado de conocimiento y diversificación, y a la situación política convulsa que atraviesan algunas de las naciones centroamericanas.

Gráfica 2: Centroamérica:  grado de apertura económica, período 1960-2020.

Fuente:  Elaboración propia con datos del Worldbank (2022)

Los resultados del comercio internacional para 2021 no solo no son extraordinarios, sino que representan el mantenimiento de una estructura de comercio internacional en la  que las naciones de Centroamérica han privilegiado a los grupos exportadores con el otorgamiento de tratamientos tributarios preferenciales para garantizar sus ganancias; y el mantenimiento de bajos salarios como estrategia de competitividad, la que se ha convertido en el principal motor para la expulsión sistemática de trabajadores hacia el resto del mundo, que si bien se han transformado en una fuerza dinámica para enviar recursos a sus países, representa uno de los puntos sociales más lamentables de la región.

Por ello, lejos de conformarnos con los resultados y “alegrarnos”, es un buen momento  para motivar a las autoridades, incluyendo a las del proceso de integración como el SICA y la Sieca, para que redoblen los esfuerzos para impulsar un verdadero esquema de comercio internacional competitivo,  que descanse en la producción de bienes de alto valor agregado y complejidad económica, que permita no solo generar una creciente oferta de mano de obra, sino con salarios competitivos; que no dependan del otorgamiento de incentivos tributarios a la inversión, y que además tengan la capacidad de competir internacionalmente, al mismo tiempo que expanda el mercado de los países de la región al aprovechar sus economías de escala.

Abelardo Medina
Coordinador del área de Análisis Macrofiscal.

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