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Manuel Bermejo
Comercio

¿Profesionalizarse o familiarizarse?

Estimadas familias empresarias,

Reconozco que la expresión profesionalizarse nunca me ha gustado. Decirle a un empresario, fundador de una compañía y que como tal la ha hecho crecer, consolidar y tal vez llevarla a un nivel de liderazgo en su industria, que tiene que profesionalizarse me resulta, cuando menos, pretencioso. Si pensamos que apenas 1 de cada 10 nuevas iniciativas llega a los 3 años de vida, convendrán los lectores que un desempeño que lleva a la cima una empresa creada unos pocos años atrás es superlativo. Súper profesional.

Las tradicionales tesis sobre gestión de empresas familiares, basadas en una supuesta ortodoxia, abogaban en el fondo por apartar a la familia de la gestión, llegado un tiempo. Era el momento de los “profesionales”.

En esta joven ciencia del estudio de la empresa familiar hoy disponemos de múltiples evidencias sobre mejores resultados de las empresas familiares en comparación con sus pares no familiares. En la razón de este fenómeno la propiedad familiar juega un papel crítico.

Qué curioso que también los rutilantes emprendedores que lideran las megacorporaciones digitales se aseguran de mantener el control de sus organizaciones. Este control permite liderar para hacer los despliegues de su visión estratégica. Esa visión de negocio que, por cierto, resulta clave para el éxito de estas compañías.

Profundizando en el papel de la propiedad en el objetivo de larga longevidad encontramos hallazgos reveladores. Por ejemplo, a tal fin resulta muy relevante compartir el deseo de trascendencia entre las generaciones como un elemento que facilita la continuidad. Como también la gestión por valores, que pasan de padres a hijos, de fundadores a continuadores. O la mirada de largo plazo que permite desplegar estrategias con el necesario sosiego. O la adecuada gestión de la complejidad del ecosistema familia/empresa. O la decisiva contribución de los sucesivos líderes que con decidida orientación emprendedora hacen evolucionar la compañía con su visión transformadora. Desde el ejercicio responsable de la propiedad se conforman verdaderas ventajas competitivas.

La propiedad del fundador que luego evoluciona a propiedad familiar es un extraordinario activo, por tanto. Desde esta perspectiva, la participación de integrantes de la familia empresaria, bien preparados, comprometidos y con los valores bien interiorizados, es un factor crítico de éxito para darle continuidad al proyecto. En última instancia, se trata de que las empresas familiares evolucionen, crezcan, se transformen sin perder las esencias. La presencia de esos familiares bien cualificados será un garante para la consolidación del legado. Si se piensa, y actúa, en términos de legado, de propósito superior es más sencillo que las pequeñas miserias humanas no aparezcan para complicar la continuidad transgeneracional. Y si surgen en algún miembro aislado, prevalecerá el sentido de resiliencia del resto para abordar la situación y salir reforzados en el ideario y las convicciones. Todo esto explica que no sea conveniente perder el control familiar. La empresa familiar debe “familiarizarse” generación a generación.

Por supuesto, que entiendo que también deba profesionalizarse. O como más me gusta señalar, institucionalizarse. En su lógica evolución debe ir incorporando talento ajeno a la familia que aporta experiencia y aire fresco. Prácticas de buena gestión y mejor gobierno. Muchas veces esta necesidad no es percibida desde las generaciones fundadoras que hicieron la tarea, y muy bien por cierto, a su manera que diría Sinatra. Pero sí va a resultar más perentoria para las generaciones continuadoras. Que vivirán en propias carnes las profundas transformaciones del entorno competitivo, y familiar, lo que demandará aplicar nuevos liderazgos y estrategias.

De tal manera que, como en tantos otros ámbitos, en el equilibro encontraremos la virtud al interrogante planteado a modo de título de este post. Por supuesto que hay que ahondar en el rigor y la profesionalidad en la gestión y el gobierno pero sin perder ese control familiar que es, y debiera ser, fuente de ventaja competitiva desde la que se robustece el ecosistema familia/empresas para avanzar por la senda de las sucesivas generaciones. Por cierto, de ese carácter familiar emanan sólidas ventajas competitivas que facilitan la competitividad.

Hasta pronto. No dejen de esforzarse por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para Vds y quienes les rodean.

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