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Leonel Ibarra
Capital

Explosión en cámara lenta

El destino de El Salvador es inevitable y terminará consumido por las llamas del impago, el aumento de la población en situación de pobreza, el encarecimiento del costo de la vida y el aislamiento de la comunidad internacional.

Una de las claves del éxito que tuvieron, en su momento, las historietas de superhéroes fue combinar las aventuras fantásticas con problemáticas de la vida cotidiana. Así, las páginas de varias historietas supieron convertirse en el reflejo, metafórico o explícito, de lo que acontece a diario.

Entre las sagas que mejor supo trasladar temas como la discriminación racial, el militarismo, los efectos de la guerra en la población civil, el consumo de drogas y las familias disfuncionales, entre otros, fue X-Men.

Con algunos ejemplos mejores que otros creo que algunas adaptaciones cinematográficas han sabido transmitir ese mismo espíritu de las historias de los «cómics» originales.

Particularmente, «X-Men: Apocalipsis» (de 2016 y dirigida por Bryan Singer) tiene una escena que, a mi parecer, resulta en una buena metáfora de lo que acontece en el panorama económico y fiscal de El Salvador.

Todo comienza cuando Apocalipsis y sus Cuatro Jinetes se teletransportan a la mansión donde funciona el instituto educativo para mutantes y secuestran a Charles Xavier. Sin escuchar las advertencias, Alex Summer dispara un rayo de su pecho, pero accidentalmente le da al generador principal causando una explosión que lo mata y destruye toda la mansión. Justo en ese momento llega Peter Maximoff; utiliza su supervelocidad para evacuar a los estudiantes y maestros antes de que la explosión destruya la mansión, pero falla en salvar a Alex. Scott Summer, Jean Grey, Kurt Wagner y Jubilee llegan a los pocos segundos y Scott se lamenta por la muerte de su hermano Alex.

Aunque se supone que todo ocurre en menos de dos segundos, gracias al poder mutante de Maximoff puede verse el proceso de rescate de los presentes en la casa (incluyendo mascotas) durante unos tres minutos con la canción «Sweet Dreams (Are Made of This)» de fondo.

Últimamente, esta escena ha venido mucho a mi mente luego de escribir tantas notas periodísticas sobre la trayectoria de la situación fiscal y económica del país.

Desde hace años, El Salvador ya afrontaba las amenazas de Cuatro Jinetes: un producto interno bruto prácticamente estancado en sus capacidades y que experimentó caídas históricas por la pandemia de covid-19, poca atracción de inversión extranjera, incremento generalizado de la pobreza y, más recientemente, combinado con un mayor irrespeto al Estado de derecho, un creciente endeudamiento público para sostener el gasto corriente.

Entonces, en un arranque impulsivo y desatendiendo todas las advertencias de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina, el presidente de la República «disparó» lo que pensó sería la solución para salvar el día: dar al volátil bitcóin el estatus de moneda de curso legal al tiempo que proyectaba la emisión de $1,000 millones en deuda soberana atada a la referida criptomoneda (los inéditos bonos volcán).

Lejos de corregir la situación, esas acciones han desencadenado una explosión en cámara lenta que a su paso va destruyendo áreas tan vitales como la credibilidad de El Salvador ante los organismos internacionales, los indicadores del riesgo país, el acceso a fuentes de financiamiento para cubrir las necesidades nacionales, la certeza jurídica y el correcto funcionamiento del Estado que, a la larga, terminará por afectar a vastos sectores de la población.

En consecuencia, el titular de Hacienda corre contra el tiempo para procurar obtener los fondos de aquellas áreas que más le interesa que sigan en funcionamiento, aunque los métodos para hacerlo no sean los más sutiles o incluso apropiados, como el retraso en los pagos a proveedores y en los salarios de una creciente planilla de empleados públicos, la colocación de una costosa deuda de corto plazo que contagia con riesgo al sistema financiero, el inventar excusas ante los acreedores de la deuda y el poner sus ojos en los ahorros individuales de los fondos de pensiones como fuente de financiamiento.

Pero al final, parece que, al igual que como ocurrió con la mansión donde convivían los mutantes, el destino de El Salvador es inevitable y terminará consumido por las llamas del impago, el aumento de la población en situación de pobreza, el encarecimiento del costo de la vida y el aislamiento de la comunidad internacional.

Leonel Ibarra

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